«Diecinueve», sobre los márgenes de la vida y el deseo de rebelión
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En el cine La ópera prima de Giovanni Tortorici, un paso más en la edad adulta, una revelación en el último Festival de Venecia. Un niño fuera del tiempo, pasión por los libros antiguos, autodescubrimiento
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«En mi pasión por los libros antiguos siempre he estado vinculada a la autobiografía. Yo era un fanático de Leopardi, entre mis libros favoritos estaba la autobiografía de Vittorio Alfieri, Benvenuto Cellini. En comparación con la literatura establecida, siempre me han aportado algo más”. Así hablaba Giovanni Tortorici de sí mismo desde Venecia en estas páginas, hablando de su ópera prima, Diciannove, que fue la película revelación del último Festival de Cine (estuvo en la sección Orizzonti), proyectando inmediatamente a su autor entre los talentos a los que apostar en el futuro próximo. Nacido en Palermo, a los veintiocho años, con un diploma de Holden y una formación autodidacta, comenzó a trabajar con Luca Guadagnino, que es el productor de la película, en la serie We Are Who We Are , algunas de cuyas atmósferas se pueden encontrar aquí, especialmente esa sensación del paso de uno mismo hacia un otro lugar todavía inexplorado y desconocido.
Diecinueve años , la edad del protagonista, Leonardo –interpretado por el talentosísimo debutante Manfredi Marini–, es el momento en el que hay que tomar decisiones, se acaba el colegio, existe el dilema de qué hacer a continuación, de descubrir lo que se quiere, qué camino tomar. Puede suceder que los deseos se desvanezcan, que los acontecimientos planificados resulten equivocados, que nada resulte ilusionante o tal vez lo sea pero no donde lo esperábamos, que ganen la ira y la indiferencia, que los contornos del mundo, pese a algunas certezas graníticas, sean cada vez más inciertos.
Yo era un fanático de Leopardi, entre mis libros favoritos estaba la autobiografía de Alfieri. En comparación con la literatura establecida , Giovanni Tortorici siempre me ha dado másLeonardo se despierta con ansiedad y sangrando por la nariz: tiene que irse, viaja de Palermo a Londres donde vive su hermana, está matriculado en económicas pero ya sabe que no es lo adecuado para él. Se trasladó a Siena, a la literatura, le encantaba la escritura refinada entre el siglo XIV y el Barroco. Un forastero solitario que odia a sus compañeros de habitación, fantasea con un deseo fluido, afirma una rebelión silenciosa, hecha de gestos que escapan a la mayoría de la gente y de visiones que se deslizan hacia existencias posibles.
Se trata de un COMING of age Nineteen pero no sólo, como tampoco es la autobiografía de su autor a pesar de las numerosas correspondencias declaradas –por ejemplo, el apartamento del personaje en Siena es donde vivía– que marcan el movimiento del protagonista. Leonardo es un muchacho fuera de su tiempo, pues Tortorici ama a los poetas del siglo XIV, a Piero Giordani, al jesuita Daniello Bartoli, libros y escritores que no aparecen en las antologías y que muy raramente se citan en los cursos universitarios. Estudia, lee, compra muchos libros raros por Internet y gasta todo el dinero que le dan sus padres. El mundo le parece repulsivo, se refugia en una especie de superioridad (quizás sólo frágil) hasta el punto de desafiar a un profesor sobre sus interpretaciones de Dante durante el examen. Sin embargo, su forma de ser –siempre chocante en comparación con los adultos y con sus iguales–, que está en conflicto con la realidad, nunca se convierte en retórica sobre el pasado o en nostalgia por sí misma. Más bien, compone una intimidad que es a su manera generacional y que, sin generalizar nunca ni apoyarse en los clichés del “género”, es una experiencia de lo conocido.
EL DIRECTOR no se aparta nunca de la mirada de su personaje, que es lenta y objetiva, y moldea o deforma la percepción de lo que vemos según su estado emocional, en los fantasmas de un indecible enterrado en algún lugar, en la desorientación de una obsesión sin asideros, que parece loca o absurda, que busca epifanías de lo desconocido. Con una escritura elegante, siempre cinematográfica, es decir, que vive en la materia y compone su narrativa entre el grano de sus imágenes. ¿Es él? ¿No es así? No importa, la vida se vuelve otra cosa en la distancia del relato, en una puesta en escena que es gesto artístico, que juega, desplaza, mezcla dolor e ironía, entra en las profundidades del ser sin agradar, es más, le encanta sin pudor sembrar inquietud. Esta figura, que en el canon antiguo aporta algo de punk, es excéntrica y encarna en su presencia, en esa fisicalidad bella y encorvada, las emociones menos visibles. Inquietante y nunca conformista, este personaje cruza el marco para conducirnos hacia caminos desconocidos, que sorprenden cualquier expectativa, que nos piden involucrarnos también con nuestra mirada. Tortorici corre el riesgo de un equilibrio que fácilmente podría perder y que en cambio controla con suave certeza, en su amor por las imágenes que llena de vida y de verdad, en un cine que es un gesto de descubrimiento.
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