Trump aplica la 'Teoría del Loco' en la economía: el mundo tiembla ante una ceremonia de la confusión permanente
Una de las filosofías más relevantes del expresidente de EEUU Richard Nixon fue la llamada "Teoría del loco". Su definición era simple: si actuaba de forma irracional, los países con los que negociaba (especialmente los comunistas) no sabrían a qué atenerse y temerían que pudiera lanzarles una bomba atómica, lo que les obligaría a ir con mucho más cuidado a la hora de tomar decisiones para no enfadar a Nixon y arriesgarse a tal respuesta. Donald Trump parece haber resucitado esta teoría, pero aplicada a los mercados: Wall Street lleva semanas temblando, sin saber a qué atenerse con el presidente, y la preocupación no deja de crecer cada vez que Trump abre la boca para amenazar con cada vez más aranceles a más gente, cambiando fechas y tipos sin orden ni concierto.
La principal arma que todo el mundo teme que pueda usar son los aranceles. Y el caos no ha dejado de crecer. A principios de mes, Trump amenazó con imponer aranceles del 25% a México y Canadá, una decisión que golpearía gravísimamente a las economías de los tres países y destrozaría la industria del automóvil en EEUU, además de disparar el precio de la gasolina para los consumidores estadounidenses. Aquellos aranceles iban a entrar en vigor el pasado 4 de febrero, pero en el último día, ya en el tiempo de descuento, Trump se inventó una excusa para aplazarlos un mes.
Pero los 30 días de aplazamiento -en realidad, 28- decretados por Trump están a punto de terminar de nuevo, y el presidente norteamericano ha prometido que esta vez sí va en serio. O eso es lo que dijo el martes, cuando anunció a la prensa que "estaban en el calendario previsto". Pero este miércoles, en su primera reunión con su Gabinete, Trump dijo que no, que entrarían en vigor en abril.
¿Nos quedamos con esa fecha, entonces? La realidad es que la orden que está en vigor en este momento, la que publicó a principios de mes, mantiene todas las condiciones definidas entonces, con un simple párrafo añadido para cambiar la fecha de entrada en vigor del 4 de febrero al 4 de marzo. En otras palabras, Trump no necesita hacer nada para que la 'bomba' económica ya programada estalle en ese momento. En todo caso, tendría que aprobar una nueva orden para desactivarla o volver a extender el calendario. El secretario de Comercio, Howard Lutnick, ha sugerido que podrían aplazarlos de nuevo si vuelven a demostrar avances en el control fronterizo, abriendo la puerta a otra extensión de última hora.
Pero si hay algo que no les gusta a los mercados es, precisamente, no poder hacer planes ni a corto plazo. ¿Qué pasa si Trump demuestra que 'está loco' y ordena ir adelante con los aranceles a Canadá y México? Que, de la noche a la mañana, la economía de tres países estallaría por los aires, con un enorme daño a numerosas empresas, despidos masivos y un caos social de primer nivel.
Más aranceles cada semanaY si solo fueran las amenazas constantes de guerra económica contra sus vecinos y principales socios comerciales, ya sería suficiente. Pero es que Trump insiste en encender bombas de relojería casi cada semana. Hace dos, Trump amenazó con poner aranceles a prácticamente todo el planeta, alegando que el IVA es un arancel (lo cual es incorrecto). La semana pasada, amenazó a los automóviles, fármacos y semiconductores de todo el mundo. Y hoy ha amenazado en concreto a la UE. A todos ellos, por cierto, les promete aranceles del 25%, que parece haberse convertido en su número de la suerte.
Los inversores, hasta ahora, parecen dar por sentado que Trump ladra pero no muerde, y que todas estas amenazas no son más que faroles que se acabarán quedando en nada cuando llegue la hora de la verdad. Pero el problema es que no se puede asumir que sea así: los aranceles del 10% prometidos contra China sí salieron adelante, provocando un contraataque desde el país asiático.
Y el mayor problema es que Trump parece estar convencido de que los aranceles son buenos: lleva décadas asegurando que los aranceles traen "prosperidad y riqueza" y alegando que poner aranceles a diestro y siniestro le permitirá bajar impuestos, casi creyendo que estas tasas las pagarían los países extranjeros y no los consumidores estadounidenses. Unas frases que harían desmayarse a cualquier economista y que no hacen ninguna gracia en Wall Street.
Por el momento, medios como el Wall Street Journal, que apoyaron abiertamente a Trump en la campaña electoral, llevan semanas pidiéndole que dé marcha atrás a sus promesas electorales y no imponga aranceles, advirtiendo del daño que supondría para la economía. Los ciudadanos, por su parte, parecen haber tomado nota del mensaje y la confianza del consumidor ha caído con fuerza este mes: han crecido las expectativas de recesión y el miedo a un repunte inflacionario. Incluso los grandes empresarios y banqueros de Wall Street que apoyaron a Trump esperando que trajera una nueva era de bonanza económica empiezan a contar a los medios que están cada vez más preocupados: ¿Y si no es una actuación? ¿Y si Trump está loco de verdad?
Trump ganó un segundo mandato en la Casa Blanca recordándole a los estadounidenses los bien que fue la economía entre 2017 y 2020, cuando el covid puso todo patas arriba. Pero aquella magnífica economía de 2017 venía de otros excelentes 7 años anteriores, tras la recuperación de la crisis financiera mundial. Trump se limitó a mantener el pie en el acelerador y se rodeó de gente ortodoxa y dispuesta a decirle que no o incluso a retirar de su mesa una orden para imponer aranceles, como hizo Gary Cohn en 2018. Esta vez, sin embargo, la economía arrastra más dudas, la inflación acecha, y Trump ha hecho todo lo posible por deshacerse de cualquiera que le pudiera llevar la contraria. Hoy ha asegurado que su Gabinete deberá obedecer sus órdenes, "todas", sin rechistar. Y a Wall Street no le está haciendo ninguna gracia.
eleconomista